
Una de las épocas del año en las que
los regalos se vuelven esenciales es la navidad, recuerdo haber leído no se
donde como inició esa costumbre de compartir obsequios en esas fechas y aunque
no recuerdo cual era la razón de dicho intercambio, no dejo de alegrarme cuando
recibo una postal o un regalo en esas ocasiones y es que sería un tanto ilógico
pensar en alguien que se molestara o se enojase al recibir un obsequio,
igualmente ilógico resultaría el negarse a recibir uno, más en esas
festividades.
Sé o al menos intuyo que todos
recordamos el origen de dicha celebración, es decir, el nacimiento de Nuestro
Señor, su venida a este mundo, su encarnación en el vientre de una virgen, esa
obra maravillosa por medio de la cual el Eterno Dios, soberano del Universo se
volvió hombre como una muestra de su amor por toda la humanidad; y es que Cristo
mismo fue el primer regalo de Navidad del mundo, su llegada a esta tierra
representó de la mejor manera el afecto de Dios para con su creación.
Bien dicen que el mejor regalo que
podemos dar es aquel que nos cuesta algo valioso y no hablo simplemente en
cuanto al valor económico, me refiero al valor sentimental o emocional que
dicho regalo posee, creo que Dios conoce perfectamente esto, por eso no nos dio
un regalo cualquiera, no nos dio algo de lo que le era fácil desprenderse, al
contrario, nos dio lo más valioso para sí; es decir, a Él mismo representado en
la segunda persona de la Divina Trinidad, no hay en el Universo mejor regalo de
navidad que este, la Palabra de Dios nos dice que el regalo de Dios es vida
eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:23) por ello resulta ilógico y
totalmente carente de sentido común que las personas hoy en día desprecien de
tal manera este regalo, pues no hay nada en toda la tierra y aún mas allá que
sea mas valioso que lo que Nuestro Padre nos ofrece por medio del Salvador, no
hay mejor regalo de navidad que precisamente aquel que nació (según la
tradición) en la primera navidad.
Yo sé que aún no llega el veinticinco
de diciembre, sin embargo, hoy podemos participar, o dicho de mejor forma
recibir, el mejor regalo de toda la creación, si hoy le permitimos a Cristo nacer
en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra familia, en nuestro trabajo,
etcétera estaremos aceptando el obsequio de Dios para nuestras vidas y a pesar
que las festividades aún se encuentren lejanas podremos vivir una verdadera “navidad”
privada, personal y única, contagiémonos de la alegría y hagamos celebración, pues
al dejar a Cristo nacer en nuestras vidas tendremos, como dice la Biblia, muy
buenas noticias de las cuales alegrarnos y que nos habrá nacido Nuestro Salvador
(Lucas 2:10-11) Dios abre hoy sus brazos ofreciéndonos su mejor y más valioso
regalo, te ofrece esa “navidad” que tanta falta te hace, te pregunto: ¿La
aceptaras?
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