Así como en el rally, en nuestras
vidas nos encontramos con muchos terrenos o circunstancias distintas, cada una
con dificultades y retos propios, en ocasiones nos encontramos tristes,
enojados, alegres, furiosos, eufóricos o de cualquier otro estado de animo, sin
embargo Dios nos llama a demostrar nuestra fe y convicciones aún en esos
momentos, Él nos pide ser “Cristianos Todo Terreno”; es decir, personas que
manifiesten su condición de creyentes no importando la situación que estén
pasando; entiendo que como seres humanos nos es difícil mantener el temple en algunos
momentos, existen lapsos en nuestras vidas en los que quisiéramos dejar aflorar
nuestras emociones e instintos por encima de un carácter noble y apacible, con
esto no me refiero sólo al enojo sino también a la mal llamada “sana diversión”
que muchas veces hace relucir nuestro lado mas distraído de la moral cristiana.
Al hablar de “cristianos todo terreno”
no me refiero solamente a serlo en todos nuestros estados de animo o a todas
las circunstancias (buenas y malas) de nuestra vida, me refiero también a todo
lugar literalmente, en nuestro trabajo, en nuestro hogar, en la universidad, en
el centro comercial, en fin en cualquier lugar donde nos encontremos debemos brillar
con la luz de Cristo, como un reflejo de su gloria y majestad, no debemos dejar
que las circunstancias o el momento nos amedrenten de tal manera que olvidemos
(o pretendamos olvidar) nuestra fe y condición como hijos de Dios, en todo lugar
en el que estemos debemos hablar de nuestro Dios, no sólo con nuestras palabras
sino también con nuestras acciones y con nuestra forma de conducirnos, la gente
debe reconocer en nosotros ese “algo” especial que proviene de Dios.
En la Palabra de Dios encontramos una
historia bastante particular, la Biblia relata que la noche en que
aprehendieron a Jesús, Pedro prometió a nuestro Señor no negarle aunque eso le
costase la vida misma, sin embargo abrumado por la presión del momento, con
Cristo arrestado y estando en el patio de la casa del sumo sacerdote, al ser acusado
como seguidor de Jesús Pedro negó al maestro a lo cual los que estaban ahí
contestaron: “Verdaderamente también tú
eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre” (Mateo 26: 73)
entonces Pedro al ver su error, dice la Palabra de Dios, lloró amargamente por
su falta, pues a pesar de su negativa no había podido disimular que era uno de
los discípulos de Cristo, el Señor nos libre de tropezar de esa manera, antes
bien, debemos ser imitadores de Cristo en todo tiempo, como dijo el Apóstol
Pablo “Andad como hijos de luz” (Efesios 5: 9).
Dejemos a un lado nuestra timidez y despojémonos
de toda debilidad, así como aquellos vehículos que participan del rally, que
son modificados para correr por todo tipo de terreno, así nosotros cambiemos
las piezas débiles de nuestro corazón por aquellas que provienen de Cristo, las
cuales son perfectas y lo suficientemente fuertes para soportar cualquier
terreno, no importando lo suave y duro que este sea; en ningún momento dejemos
de vivir y confesar al mundo nuestra fe y esperanza en nuestro Dios, no importa
en que lugar nos encontremos o la situación que estemos viviendo debemos
recordar que somos hijos de Dios, somos príncipes y princesas llamados a compartir
la mesa del Rey de Reyes quién es nuestro padre, somos aquellos a los que Él
escogió de entre todo el mundo para sí mismo y por lo tanto debemos
comportarnos como tales, seamos esos “Cristianos todo terreno” que nuestro
Señor espera que seamos, recordemos como dice aquel proverbio “No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los
reyes beber vino, Ni de los príncipes la sidra”, dejemos las debilidades de
carácter para aquellos que no han conocido al salvador, pero nosotros que ya le
conocemos demostrémosle en todo momento y situación.
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