Puede que a muchos les parezca
descabellada mi forma de conectar las cosas, sin embargo, al pensar en este gran
cañón lo que viene a mi mente es la Santidad, esa gran virtud que los
cristianos estamos llamados a cultivar en nuestras vidas día con día, así como
aquella enorme pieza de artillería propulsaba los proyectiles en un primer
momento alto en el cielo hasta la estratosfera y entonces lejos hasta su
objetivo, la santidad (o como se suele llamar hoy en día no muy a mi gusto “integridad”)
lleva nuestros sueños, anhelos y peticiones alto hasta el Tercer Cielo, hasta
la morada de nuestro Padre, de modo tal que Dios mismo recibe nuestras
oraciones en su seno para oírlas y darles respuesta, una vez que nuestras súplicas
mas profundas han llegado hasta el corazón de Dios por medio de una santa
comunión, estas pueden descender a la tierra con un poder increíble para dar el
objetivo antes trazado, destruyendo fortalezas, derrotando a nuestro enemigo y
conquistando la victoria.
Pero no todo es fácil, para poder
disparar un arma de tal calibre y potencia es necesario un trabajo de ingeniería
de enormes proporciones, por su peso y tamaño el cañón del que he hablado antes
necesitaba ser puesto sobre una base firme y sólida construida especialmente
para el mismo a partir de rieles un firme acero empotrados en concreto, lo cual
significaba un esfuerzo humano bastante alto, de la misma manera, nuestra
santidad no es un simple acto de evitar el pecado, sino mas bien es una disciplina
la cual se debe ejercitar en todo momento, claro que esto implica cierto
esfuerzo de nuestra parte, pues siendo seres humanos imperfectos inclinados naturalmente
hacia la maldad nuestro espíritu ha de luchar contra nuestros propios deseos
mundanos, lo cual no puede ser hecho sino por medio de una devoción constante y
continua, es decir, a través de una búsqueda incesante de Dios; de esta forma
se forja la base en la que se sostendrá nuestra santidad, de lo contrario
nuestro gran cañón se vendría abajo con el primer disparo pues no tendría la fijeza
necesaria como para acertar a su objetivo sin desmoronarse en un montón de partes
rotas e inservibles.
La Biblia declara: “Así que, amados, puesto que tenemos tales
promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando
la santidad en el temor de Dios.” (II Corintios 7: 1), debemos recordar que
mientras mas grandes sean nuestras promesas recibidas, cuanto mas grandes sean
nuestros sueños y anhelos, mas grande y poderosa deberá ser nuestra artillería
espiritual de modo que podamos alcanzarlos y no se queden en simples expectativas
no realizadas; trabajemos día con día en nuestra santidad, enviemos nuestras
oraciones hasta el Trono de Dios para que descendiendo con todo poder de su
mano se conviertan luego en realidad acá en la tierra, si deseamos ver cumplidas
nuestras mas altas aspiraciones y a la final alcanzar un lugar al lado de
nuestro Señor en su gloria debemos trabajar en una disciplina espiritual
poderosa para montar sobre ella el cañón de la santidad que envié lo que hay en
nuestro corazón hasta su efectivo cumplimiento, como dice la “Biblia Seguid la paz con todos, y la santidad,
sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 9: 14), Dios nos conceda la dicha
de lograr las mas formidables victorias en su nombre por medio de estas armas y
así derrotar a nuestro enemigo de manera aplastante.
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