martes, 14 de agosto de 2012

Antes de Partir


Es una especie de paradoja que millones de personas empiezan a vivir cuando están empezando a morir.

Dios nos ha llenado de promesas que quiere que sean realidad, pero somos nosotros con nuestras actitudes que retrasamos e incluso evitamos que Dios cumpla con sus promesas.

Hay quizá dos preguntas fundamentales que todo ser humano debería responderse:
¿Has vivido una vida plena?... Cómo dije antes hay promesas de Dios que para nosotros, no verlas cumplidas es no vivir una vida plena, incluso hay millones de personas que ni siquiera conocen a Dios ¿cómo vivirán una vida plena?

Si nuestra respuesta es negativa, deberíamos autoreflexionar de qué no está bien en nosotros.

La segunda pregunta es: ¿has sido motivo de felicidad para alguien?... Dios y nuestro prójimo son ese “alguien” que debería formar parte importante de nuestras vidas, tanto así que Jesús dijo: Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. MR. 12.30-31.

Son lastimosamente pocas las personas que llegan a marcar nuestras vidas, digo “pocas” pues conocemos cientos, incluso miles de personas a lo largo de nuestra vida, pero son contadas aquellas que nos dejan huellas.

No debemos esperar a ser ancianos para disfrutar la vida, eso debería ser nuestro diario vivir; aunque hay cosas que debemos evitar por nuestro bien, otras las evitamos porque queremos evitarlo. No esperemos hasta mañana deleitarnos en Dios y sus bendiciones, no nos privemos de vivir plenamente, no esperemos al futuro para amar a nuestro prójimo y bendecirlo.

Me gusta usar la imaginación y pienso que quizá muchas personas se sientan extrañas al estar en el paraíso de tanta dicha y plenitud, porque en esta vida se privaron de tantas cosas; no seamos de esas personas.

La vida es hoy, no mañana; disfrutémosla. ¿No sabes por dónde empezar? Empieza por Dios: Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre SAL. 16.11.

Dios te siga bendiciendo.

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